“¡Carlos, trata de arrancarlo!”Otra de las novedades que presenta la tienda de camisetas online de El Señor Miyagi es esta divertida escena que dio la vuelta al mundo en su momento (bueno, divertida ahora que ha pasado el tiempo, porque entonces a sus protagonistas les debió hacer maldita la gracia).
Fue en el mundial de Rallies de 1998. Se corrÃa en Inglaterra, y el Toyota de Carlos Sainz y su copiloto, Luis Moya, estaba a punto de llegar a meta para coronarse campeones del Mundo. Pero, a menos de un kilómetro, el coche se paró y empezó a salir humo del motor. Ambos tripulantes salieron del vehÃculo para tratar de arreglarlo. Pese a los gritos de insistencia de Moya, que son reflejados en el rótulo de la camiseta, el coche no arrancó. Fueron adelantados y perdieron por 700 puñeteros metros. Ni a tu peor enemigo le deseas eso. Pero la vehemencia del copiloto, sus golpes al coche y sus palabrotas desesperadas (que no reproduciremos aquÃ), que reflejaban su frustración y su desesperación (desde luego, no era para menos), calaron hondo en la sorna española. SÃ, esa que es capaz de reÃrse hasta de su propia sombra o de sus propios héroes, como Sainz y Moya.
Porque, realmente, aunque la gente hizo mucho cachondeo de aquello (y lo que todavÃa se recuerda), no fue por burlarse de la desgracia de dos profesionales del volante, que ya habÃan despertado la admiración de todo el paÃs con su buen hacer y sus dos campeonatos del mundo (1990 y 1992). Sino porque todos nos vimos reflejados en esa actitud desesperada de Luis Moya. Todos hubiéramos reaccionado asà en esa situación. O con más golpes, o más palabrotas. Eran unos héroes. Pero también humanos. Aquello, les acercó a la gente y, vale, hubo risas, pero también se ganaron, si cabe, más cariño por parte de propios y extraños.
Aquello y otras averÃas inoportunas, pero no tan llamativas, le crearon a Sainz un inmerecido sambenito de gafe. Afortunadamente, el piloto madrileño supo responder a esas acusaciones ganando en 2007 el campeonato del Mundo de Raids y en 2010 una prueba tan difÃcil como el Dakar. Es un grande, y como tal hemos de verlo. Porque para perder como aquella vez, hace falta llegar primero a 700 metros de la meta.
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La inoportuna averÃa de Sainz y Moya en el rally de Inglaterra de 1998
